NUESTROS MECANISMOS DE DEFENSA INCONSCIENTES

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¿Sabes que todos utilizamos mecanismos de defensa inconscientes que nos permiten manejar las situaciones a las que nos enfrentamos en el día a día?.

Estos mecanismos son una forma muy común de protección inconsciente para hacer frente a emociones desagradables o a reacciones como la ansiedad, el miedo o la incertidumbre. Síntomas como las fobias, los trastornos psicosomáticos, las adicciones, las obsesiones o rituales compulsivos, manías, o trastornos de ansiedad, son formas que nuestra mente encuentra para manejar esos afectos desagradables que irrumpen en nuestra conciencia.

 

Vamos a comentar brevemente los mecanismos de defensa más comunes que todos utilizamos:

 

– REPRESIÓN:

La represión es el proceso que mantiene a las cosas (particularmente a los impulsos inaceptables del ello) fuera de la conciencia. El inconsciente borra eventos o pensamientos que serían dolorosos si se mantuvieran en la conciencia. Habitualmente es un proceso inconsciente aunque a veces puede estar facilitado por hechos conscientes. Por ejemplo, la utilizamos cuando olvidamos la cita con el dentista, porque no queremos pasar por ese mal trago. O cuando tenemos “lapsus”.

– NEGACIÓN:

Se puede considerar a este mecanismo de defensa como “genérico”, ya que es la base de muchos otros. Se trata de negarse a aceptar la verdad o realidad de un hecho o experiencia. Son habituales estos mecanismos defensivos en bebedores, drogadictos o en anoréxicos que niegan el tener ningún problema. También se ve en personas que no son capaces de tomar contacto con sus emociones, estas personas tan “racionales” o que siempre son tan “alegres”, porque ocultan sus afectos negativos ante los demás y ante sí mismos. La negación es igual en muchos aspectos a la represión: ambas mantienen fuera de la conciencia cosas que el individuo se siente incapaz de afrontar.

– PROYECCIÓN:

Es el mecanismo mediante el cual un individuo atribuye a otro sus propios impulsos y deseos inaceptables y de esa forma se los oculta a sí mismo. Ejemplos de este mecanismo son el caso en el que una persona no se gusta a sí misma, se juzga duramente y piensa que los demás le ven de esa manera. Proyecta su propia imagen sobre los otros, interpretando cualquier cosa dirigida hacia sí misma de forma negativa. “Nadie me valora”.

– RACIONALIZACIÓN:

Es el mecanismo de defensa en el que el individuo reduce la ansiedad al encontrar una explicación o excusa racional para asumir una realidad que le resulta inaceptable. Se trata del mecanismo de tomar distancia de las amenazas, generando actitudes frías, analíticas y desapegadas. Es el caso del estudiante que el suspenso lo atribuye a una equivocación del profesor. O esa persona que busca una explicación lógica a su síntoma obsesivo (exceso de limpieza, por ejemplo).

– FORMACIÓN REACTIVA:

Una manera de protegerse contra la liberación de un impulso inaceptable es poner énfasis en el opuesto. Tal es el caso de una niña que experimenta celos hacia su hermanito recién nacido y sin embargo le muestra una actitud muy afectiva con la que esconde su hostilidad. O esas personas que son “excesivamente atentas y amables con los demás”, no son capaces de mostrar su lado negativo o agresivo por temor a que se les escape algo de las manos. Temen sus impulsos hostiles y los convierten constantemente en lo contrario, como una forma de mantenerlos a raya.

-SUBLIMACIÓN:

Es el mecanismo que hace que un impulso potencialmente peligroso sea transformado en un comportamiento socialmente maduro y aceptable. El mejor ejemplo de esto es el arte. Cuando pintamos, escribimos un libro, o estudiamos, o nos dedicamos a una afición determinada, estamos sublimando ciertos deseos inconscientes transformando esa energía en algo productivo. Por ejemplo, una persona con impulsos agresivos inconscientes, puede encontrar una vía de descarga saludable dedicándose a trabajar de soldado profesional o de boxeador. Está sublimando esos impulsos de forma aceptada por la sociedad.

– DESPLAZAMIENTO:

Consiste en cambiar el objetivo de un impulso, esto suele suceder porque el blanco elegido resulta amenazador y al cambiarlo se reduce la ansiedad. En lugar de enfadarnos con el jefe, la tomamos con nuestra pareja cuando llegamos a casa.

 

Los mecanismos de defensa, como su nombre indica, nos sirven a todos, para defendernos de esos afectos que son más dolorosos para la conciencia. En mayor o menor medida, los empleamos a diario.

 

 

MARTA TRELL LESMES

Psicóloga Clínica

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