¿QUÉ DICE NUESTRA FORMA DE COMER DE NOSOTROS?

emo

 

Las dificultades con la alimentación son una manera de expresar sentimientos que no pueden ser dichos, o emociones que no pueden ser reconocidas o que vienen de nuestro inconsciente.

 

Desde pequeños nos acostumbramos a asociar ciertos alimentos con algunas emociones. A quién no le han prometido un helado de chocolate o un rico postre como premio a una buena conducta?, o ¿qué recuerdos tienes de ciertas comidas que se hacían en casa como las verduras, pescados, etc que te obligaban a comer?. Esos alimentos, normalmente quedan asociados en nuestro psiquismo a una emoción placentera o a veces, displacentera, y esto, en función de cómo sea nuestro desarrollo personal, marcará nuestra forma de alimentarnos en el futuro.

Si en el camino transitado desde la niñez hasta la edad adulta, no hemos aprendido a gestionar nuestras emociones, a tolerar las frustraciones, a calmar nuestras preocupaciones mediante el pensamiento y la relación con los demás o con alguna actividad placentera, es probable que rebobinemos hacia atrás y busquemos esa calma que encontrábamos en la comida en los primeros años de vida. O que nos demos constantemente un “premio” comiendo a diario pasta, exceso de grasas o de carbohidratos y dulces, para compensar tanto malestar emocional que no sabemos calmar.

 

Nuestra forma de comer tiene sus raíces en la niñez. El bebé obtiene sus primeras sensaciones placenteras de la alimentación. A través de la comida se siente querido, satisfecho, se calma. La seguridad le llega a través de la leche. Aprende a querer a su madre a través del vínculo con la comida. Cuando en la adolescencia desee independencia, también lo hará por medio de la comida, y podrá desarrollar anorexia o bulimia si esto no se gestiona bien.

 

Con la comida no sólo aprendemos a relacionarnos con la madre, sino que también nos proporciona el alivio de la ansiedad y la sensación de placer. Cuando somos adultos, empleamos la alimentación para calmarnos, comiendo chocolate cuando nos sentimos solos, o dándonos un atracón de comida cuando no podemos apartar de la cabeza lo que nos preocupa o nos angustia.

 

El chupete sustituye a la comida y nos calma cuando somos bebés, después desarrollaremos otras conductas para encontrar ese alivio: el tabaco, el exceso de comida en forma de picoteo, el alcohol, las drogas, etc ….

 

La comida nos llena el vació que las personas muchas veces no pueden llenarnos. Cuando somos muy perfeccionistas y tememos que las relaciones nos dañen, podemos preferir relacionarnos sólo con la comida, que nunca nos dice que no, nos abandona, nos pone un límite, y siempre nos da satisfacción. Creamos entonces un vínculo muy intenso con ella, muy parecido al que se tiene con la madre en los primeros años de vida, incondicional. Sólo si dejamos de lado nuestro miedo, nuestra necesidad de control y perfeccionismo, podremos abrirnos al amor, disfrutando de la comida para alimentar a nuestro cuerpo y no como sustituto de otra cosa.

 

“No des a tu cuerpo, algo que debes dar a tu mente. No utilices tu cuerpo, para calmar tu ansiedad”.

 

MARTA TRELL LESMES

Psicóloga Clínica

Copyright © 2016. AMABE Psicólogos.